Una vigilante de hierro

Una mujer en un mundo de hombres. Es la frase que persigue sin cesar a Danièle Nouy (Rennes, Francia, 1950), responsable desde principios de año de la supervisión de los 128 mayores bancos de la zona euro. Sin embargo, ella parece querer evitar a toda costa que su nombre sea recordado únicamente por esa razón.

Cuando fue nominada para ocupar el puesto, declaraba a los medios que no se trataba de una cuestión de sexo ni de cálculo político. Y es que, además de la creencia de que su nombramiento se debió a un intento de acallar las voces que se quejaban de la poca presencia femenina en las autoridades bancarias, no han faltado los comentarios sobre una posible compensación a Francia por la elección del holandés Jeroen Dijsselbloem como presidente del Eurogrupo, en lugar del ministro galo de Finanzas.

La trayectoria de madame Nouy no tiene nada que envidiar a la de sus colegas varones. Entró en el Banco de Francia con apenas 24 años, tras pasar por el prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París. Conocía ya la institución, en la que había trabajado su padre, y en ella empezó una carrera que ya dura casi cuatro décadas en las que ha acumulado experiencia en el ámbito de la supervisión bancaria.

En su currículum no faltan tampoco cargos de relevancia internacional, como el de representante del Banco de Francia en Nueva York o el de secretaria general del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea.

Esta última, según relataba a Reuters una persona que trabajó con Nouy, fue una experiencia clave para ella ya que le ayudó a mejorar su talento diplomático.

Se ha ganado la fama de persona estricta. El diario Le Monde citaba tras su nombramiento a algunos compañeros de profesión que aseguraban que los banqueros pisan con cautela cerca de Nouy. Lo que está claro, y ella misma lo ha asegurado en público, es la importancia que da a una correcta vigilancia.

A principios del nuevo siglo, Nouy se negó a que las entidades francesas empezaran a comercializar algunos productos financieros potencialmente tóxicos. Ya como presidenta del Consejo de Supervisión del mecanismo único europeo, una entrevista concedida al Financial Times hizo que algunas de sus opiniones corrieran como la pólvora. “Hay que aceptar que algunos bancos no tienen futuro”, afirmaba con rotundidad Nouy al diario británico. Sin embargo, no faltan quienes advierten de que su nivel de exigencia no es tan exagerado como se suele apuntar.

Es clara, concisa y directa cuando se pone delante de las cámaras. Aunque quienes han tenido trato con ella en alguna ocasión declaran a los medios que en las distancias cortas también es firme pero que su actitud no resulta ofensiva. Añaden que la estricta supervisora sabe cuándo debe echar mano de su encanto francés.

Sobre lo que no cabe ninguna duda es su capacidad de trabajo y dedicación. El presidente del BCE decía, tras designarla para el cargo, que Nouy se enfrenta a una serie de tareas que no son precisamente insignificantes.

La supervisora tomó posesión a principios de este año y, desde entonces, las pruebas de estrés a las que se someterán en 2014 las entidades europeas se han convertido en una de sus principales preocupaciones. Hace una semana se daba a conocer la metodología que se empleará para revisar la calidad de los activos de la banca, una de las fases previas a la definitiva puesta en marcha definitiva del organismo supervisor en otoño.

Antes de trasladarse a Frankfurt, esta guardiana de las finanzas ejercía como secretaria general de la Autoridad de Control Prudencial y Resolución del Banco de Francia, encargada de velar por el correcto funcionamiento de las entidades financieras y de las aseguradoras. Su llegada al cargo en 2010 fue para muchos lo que provocó que su marido, Jean-Yves Nouy, abandonara su cargo en la dirección de la mutua SHAM (aunque él siempre lo ha negado). Con el ejecutivo, Danièle Nouy tiene dos hijas. Durante su estancia en Basilea, viajaba con frecuencia a París para ver a su familia y todo apunta a que la historia se repetirá una vez más; aunque esta vez el punto de partida será otro.

Pero el lugar de trabajo no es lo más relevante para ella, que declaraba en la Comisión de Economía del Parlamento Europeo que solo le importa su mesa de su despacho. Desde allí, Nouy prepara los exámenes a los bancos; unas pruebas que podrían determinar si la francesa es realmente tan estricta como la pintan.

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