Un año de volatilidad que va a seguir ahí

A pesar de cerrar el ejercicio como el mejor índice de las grandes Bolsas europeas, el Ibex completa un 2014 de magro rendimiento en comparación con los máximos del año que se alcanzaban a principios de verano y, una vez más, hacían que los expertos miraran de nuevo a la siempre esperada cota de los 12.000 puntos. Un rendimiento que, sin embargo, engorda al compararlo con lo que el mercado hacía cuando, al empezar el otoño, se volvieron a disparar los miedos a la temida tercera recesión en la zona euro.

Muy alejada del extraordinario avance del 21% conseguido en 2013, la travesía de 2014 ha estado marcada por una serpenteante trayectoria plagada de obstáculos que se han resuelto en un baño de volatilidad. Y eso a pesar de la labor moderadora de las inyecciones de liquidez provenientes del Banco Central Europeo. Los mercados son sensibles a múltiples factores, y este año no le han faltado de estos, ni los previstos ni los imprevistos. El desplome del peso argentino y su contagio a otras divisas se encargó de chafar un prometedor inicio de ejercicio, a lo que contribuyó el recrudecimiento de la crisis de Ucrania. La baja inflación de la zona euro, que amenaza con el fantasma de la deflación, el desigual crecimiento económico en Europa y la fortaleza del euro en los primeros meses del ejercicio presionaron a Mario Draghi, que finalmente optó por adoptar medidas expansivas, lo que en junio llevó a la Bolsa a máximos anuales y encarriló el euro hacia una tendencia bajista que aún continúa gracias a la otra oleada de estímulos del BCE a finales de verano. Cuando los analistas preparaban las maletas para las vacaciones de verano, el caso Gowex incendiaba los parqués y ponía en cuestión el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), además de infligir una fuerte corrección al Ibex. La quiebra selectiva de Argentina y la situación límite que se destapó en el portugués Banco Espírito Santo contribuyeron al tropezón.

El no en el referéndum sobre la independencia de Escocia tras días de expectación resolvió positivamente otro periodo de incertidumbre en el año, como ocurrió, a pesar del nerviosismo inicial del sector turístico, con la rápida resolución de la crisis del ébola. La buena nota de la banca española en los test de estrés del BCE despejó también muchas incógnitas al mercado sobre el sector financiero español, que salió reforzado de las pruebas, a pesar de lo cual los bancos sufrieron un giro bajista durante días en sus cotizaciones.

En plena volatilidad bursátil, cobró protagonismo un inédito desplome del precio del petróleo, que comenzó con el segundo semestre al perder el precio de Brent los cien dólares, e hizo tambalearse a las Bolsas en un movimiento sísmico del que aún se desconoce el final, con el barril camino de los 50 dólares. El exceso de producción, la eterna falta de una política coherente en el cártel de la OPEP y la menor demanda por el enfriamiento de la economía mundial hacen prever la prolongación de ese ya largo periodo de volatilidad con el que a los mercados no les va a quedar más remedio que aprender a convivir. El impacto en la economía rusa, empezando por su divisa, es solo una muestra de lo que puede ocurrir.

Por si faltaban elementos de incertidumbre, y cuando hasta los más nostálgicos ya se habían olvidado de que el tradicional rally de fin de año había faltado esta vez a su cita en la Bolsa, Grecia vuelve a encender la llama de la inquietud en toda Europa. Un adelanto electoral, en el que el partido radical de izquierdas Syriza –europeísta, pero contrario a las condiciones del rescate y a la política de austeridad de la troika– puede dar un revolcón en las urnas a las demás formaciones, va a marcar el principio de un año en el que habrá elecciones por doquier en los países miembros de la Unión Europea. La incertidumbre para los mercados va más allá, puesto que la ventaja que los sondeos dan a Syriza queda lejos de su posibilidad de formar Gobierno, lo que alargaría las dudas en el momento en que lo que necesita la débil recuperación es precisamente lo contrario: estabilidad.

Al recibir 2015 hay que esperar más volatilidad en unos mercados que, además, deberán ajustarse a las condiciones menos expansivas en la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos.

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