Los beneficios inician la fase expansiva

La vida de las empresas corre paralela a la de la economía del país, y cuando se han estabilizado las variables de la actividad, lo han hecho también las cuentas de las grandes corporaciones. Con más acierto unas que otras, y con más celeridad unas que otras en el ajuste de la sobredimensión de su balance y de su apalancamiento, 2013 ha supuesto para el agregado de las grandes sociedades cotizadas el ejercicio de recuperación de sus números negros, pese a que sigan al nivel que ya tenían en 2003, al igual que la riqueza del país se encuentra en esos mismos niveles tras siete años de parsimoniosa crisis. El beneficio de las empresas que componen el índice Ibex 35 de la Bolsa española se ha acercado a los 20.000 millones de euros el pasado año (19.370), con un crecimiento del 50% sobre los registros de 2012, y los expertos vaticinan un 2014 en el que los números negros de este mismo conjunto de empresas puede llegar a incrementarse en torno a un 70% y superar los 33.000 millones de euros.

Este optimismo debe estar muy condicionado, pues la recuperación de la demanda que moviliza la economía es más bienmodesta, salvo que las decisiones de política económica por llegar reactiven las expectativas en proporciones considerables.

Un análisis del movimiento interno de las variables empresariales en 2013 ayuda a explicar tales cautelas con el vaticinio. El pasado año, la cifra de negocio de las empresas ha registrado aún una contracción (del 4,1%) sobre 2012, prueba explícita de que la demanda no se ha recuperado, como consecuencia de que la renta disponible de los hogares ha marcado aún una curva contractiva importante, que ya ahora comienza a dar la vuelta con la tímida generación de empleo. Únicamente la cifra de negocio fuera de las fronteras se ha elevado, pese al efecto empobrecedor de las devaluaciones de algunas de las divisas de los países en los que operan algunas de las empresas más importantes del Ibex, especialmente en Latinoamérica.

La mejora de la cuenta de resultados se ha apoyado, además del creciente negocio del exterior (un 63% del total), en la reducción de los costes de producción, incluido el financiero, con reajustes de la deuda y de su coste, aunque en muchos casos haya supuesto reducción del balance para hacer digerible el futuro. Y aunque algunas empresas han concentrado en buena parte de este ejercicio el adelgazamiento y redimensión de sus fuentes de financiación (Acciona, FCC, Sacyr, Gamesa, etc.), puede darse por concluido. El volumen de deuda es el adecuadamente justificable para el volumen de los balances de las empresas y el razonablemente soportable por los ingresos, e incluso en algunos casos, aquellos que refinanciaron y adelgazaron primero, puede haber llegado ya el momento de nuevas aventuras de inversión, tal como algunas corporaciones ya han anunciado en sus ruedas de resultados. Por tanto, las empresas tienen, ahora sí, los deberes hechos para comenzar la expansión de sus beneficios, e incluso de sus balances si la ocasión lo permite. Sigue, no obstante, habiendo alguna nube negra sobre el horizonte en algunos sectores que debería ser despejada.

La banca está saneada pero debe recomponer la cartera de crédito para frenar por pasiva la tasa demora y para dar la vuelta a unos resultados que sin extraordinarios (ni ingresos ni gastos, ni plusvalías ni provisiones) tienden a contraerse. Y el sector energético debe disponer lo antes posible de estabilidad en la regulación, para saber a qué atenerse y evitar que, como en 2013 con las intensivas en energía verde, las cuentas den vuelcos completos por cambios legales inesperados.

Si 2014 confirma los pronósticos, habrá vuelto el beneficio creciente, el verdadero combustible de las cotizaciones, que pueden registrar revalorizaciones importantes. La única duda está en la demanda interna para que el mercado español, que se jibariza por trimestres para las empresas grandes, recupere tamaño y sea el motor de la actividad. Estabilizada la deuda, pese a los reductos de negocios con futuro incierto para los que el Gobierno elaborará un mecanismo de solución si son viables, y a punto de hacerlo la financiación pública, solo faltan los incentivos que movilicen a los agentes económicos. Es imprescindible una reforma fiscal que devuelva a la gente parte de su renta disponible, y mecanismos de contratación ágiles para que el empleo sea también palanca de crecimiento.

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