La venta de carteras de créditos fallidos bate cualquier previsión

Quien iba a decir al sector financiero español hace algo más de una década que la actividad de la venta y compra de carteras de créditos impagados y de inmuebles adjudicados iba a ser un gran negocio. Tanto que un elevado número de fondos especulativos, principalmente anglosajones, decidieron venir a España hace algo más de un lustro para comprar lo que se consideraba las sobras de un sector en rebajas por exceso de capacidad y crisis.

Durante los dos, o incluso tres primeros años, parecía que tenían más dinero disponible para invertir que lo que podían adquirir. Tenían la experiencia de otros países europeos como Italia, Alemania, Francia o Reino Unido. Pero España parecía diferente. Y eso que antes de presupuestar una partida de su dinero para gastar en España habían tenido muy en cuenta que el país debía desapalancarse en más de 400.000 millones de euros, todo un negocio para ellos. Pero no había forma de romper tabús. Parecía que nadie quería vender a precios de derribo, con descuentos por encima del 75% y 85% sobre su valor contable.

Desde hace casi tres años, sin embargo, este negocio se ha ido extendiendo como una mancha de aceite. Tanto que no sólo en estos tres últimos ejercicios se está batiendo récords, algo que puede considerarse lógico, sino que están superando las más optimistas de las previsiones. Todos los expertos implicados de una forma u otra en este negocio consultados destacan el espectacular crecimiento que está teniendo este año la venta de carteras de créditos impagados, sobre todo. Tanto es así que fondos que solo querían hacer negocio en España han decidido instalarse y expandirse para quedarse. De momento, desde enero hasta finales de septiembre se han vendido ya carteras por valor de 22.000 millones de euros, con un precio pagado ligeramente por encima de los 6.000 millones. Pero estos mismos expertos mantienen que hasta finales de año se podrían vender carteras por valor de 10.000 millones más.

“A finales de año suele haber un tirón en estas operaciones”, explica el directivo de una de las consultoras que participan directamente en estas ventas.

Estas cifras están muy por encima de sus estimaciones. Para el próximo ejercicio la previsión de los expertos se sitúa en torno a los 20.000 millones de euros. Esta cifra es inferior a la ya obtenida este año, pero hay que tener en cuenta que durante el presente año se han producido varias operaciones que han sido “excepcionales, difíciles de repetir. Entre ellas está la venta de la cartera hipotecaria de Catalunya Banc por un volumen de 6.400 millones de euros a Blackstone, que pagó 3.615 millones por ella”, explica un directivo de una consultora. Pero la banca española tiene aún que desapalancarse mucho. Hay algo menos de 300.000 millones de euros en activos aún que deben reducir”, calcula otro experto, razón por la que los fondos esperan un 2015 también con mucha actividad en la venta de carteras de créditos de impagados y adjudicados. Aseguran por ello que si las previsiones se han superado en 2014 “quizás podría ocurrir lo mismo en 2015”.

A la vez que se ha extendido este negocio el precio que pagan los fondos ha ido subiendo, con descuentos ahora en torno al 60%. De esta forma, se espera unos ingresos por esta operativa en 2015 de unos 7.000 millones. Además de que los precios se van aproximando entre la oferta y la demanda, ahora gran parte de los activos que se venden tienen garantía real.

Mientras que los fondos especulativos compran lo que los bancos venden, estos últimos siguen buscando ya no solo limpiar su balance, sino también su imagen como sector. El último en hacer referencia a la pérdida de legitimidad de la banca ha sido José Manuel González-Páramo, consejero ejecutivo de BBVA. Sus palabras coincidieron con la decisión de Santander de prescindir de los servicios de Rodrigo Rato, imputado por la salida a Bolsa de Bankia y por el escándalo de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid.

Páramo aprovechó la conmemoración del 25 aniversario de la CNMV celebrada el viernes, para pedir una banca responsable. Afirma que el sector ha perdido “cierta legitimidad”, a lo que se une el hecho de que la sociedad les “exige una mayor responsabilidad. A la vez que se aumenta la presión regulatoria para proteger al consumidor”, y que “la dignidad de la profesión está en cuestión”. Así, considera que hay que apostar por “una regulación adecuada, una supervisión eficaz y entidades con modelo de negocio basado no solo en la tradicional rentabilidad ajustada al riesgo, sino también en la rentabilidad ajustada a principios”.

 

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