El riesgo, la alternativa a los tipos bajos

Más de la mitad de la riqueza financiera de las familias en España está conformada por ahorros tradicionales, por los depósitos a plazo y las cuentas a la vista de toda la vida. Unas figuras financieras que más que inversión deben considerarse instrumentos por los que los particulares se convierten en proveedores del sistema bancario doméstico, especialmente en España, un país en el que las entidades financieras solo acuden a los mercados mayoristas interbancarios en momento de fuerte demanda de crédito. Es un tipo de ahorro demasiado conservador que ha tenido cierto atractivo mientras la inflación reanimaba los montantes de los particulares, aunque en la práctica los cercenaba en la misma proporción en términos reales hasta congelar su valor.

Pero con un escenario de inflación baja y tipos de interés planchados, y con la remuneración de la banca a sus pasivos condicionada por imperativo del Banco de España y del Memorando de Entendimiento del rescate financiero, no cabe esperar una mejora en la retribución del ahorro pasivo. Solo marginalmente algunos productos llegan al 2%, con exigencias de cantidad, permanencia y comisiones que liman su atractivo.

Los propios bancos ya ofrecen algunas alternativas, conservadoras también, para retener en sus circuitos el dinero que quiere abandonar los depósitos; pero el desempeño que ofrecen no es mucho mejor, ya sea en fondos garantizados o de rentabilidades objetivas. Por tanto, aunque la cultura financiera de los hogares españoles impone la pasividad y la seguridad de los depósitos tradicionales, el dinero debe buscar alternativas. Y tales opciones deben ofertar mejores retornos, pero con altos grados de seguridad, sobre todo en unos años en los que la resaca de la crisis financiera y sus aventuras en muchos productos bancarios sigue condicionando las iniciativas.

Con buen criterio la Comisión Nacional de Valores ha advertido ya a la industria financiera, así como a su clientela, de la necesidad de introducir mesura en la comercialización de nuevos productos que han salido al mercado, en algunos casos con los vicios del pasado. Pero seguramente ha llegado la hora de asumir riesgos adicionales, seleccionando muy bien qué cantidad del ahorro liberado se pone a trabajar en busca de retornos elevados, y cuál se mantienen bajo la seguridad, muy poco rentable, del depósito.

La renta variable se activó en 2013 tras años de dudas, y la expectativa para este año es de una revalorización no inferior, dado que las empresas, una vez saneadas y estabilizada la economía, deberían acercarse a unos precios más reales que aquellos que la crisis y la solvencia de España les ha asignado. Riesgo, sí, pero con rentabilidad.

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