El mercado se instala en el modo alcista pese a los riesgos

La abundancia de liquidez con que han inundado los bancos centrales el mercado durante años de crisis está teniendo la capacidad de anestesiar a los inversores, hasta el punto de que apenas reaccionan con breves escalofríos a tensiones que en otro tiempo habrían desatado profundas oleadas de ventas. El primer capítulo que se encajó sin mayores sobresaltos fue la crisis cambiaria de Argentina, que se contagió en principio al conjunto de economías en desarrollo y pareció quedar resuelta a las pocas semanas. Permitió establecer una línea divisoria en el amplio mundo de países emergentes, y acotar el foco a los países más vulnerables.

En esta semana el mercado está superando un nuevo obstáculo de gran calado, aunque con el agravante de que en esta ocasión las turbulencias no son solo financieras o de tipo de cambio sino geopolíticas, después de que la tensión declarada entre Ucrania y Rusia haya rescatado situaciones propias de la guerra fría y haya colocado a la península de Crimea como posible escenario de un conflicto bélico en la Europa del siglo XXI. Los inversores están por tanto ante un escenario de consecuencias imprevisibles y con implicaciones sobre los cimientos que deben impulsar la frágil recuperación económica: los precios de la energía y el comercio internacional en un mundo globalizado.

El presidente del BCE, Mario Draghi, emitió este jueves su diagnóstico sobre la situación. Reconoció que si bien la crisis abierta ahora en Ucrania tiene implicaciones limitadas para la zona euro desde el punto de vista tecnócrata –según el adjetivo que él mismo empleó, el de la balanza comercial y de capitales–, también es necesario valorar el riesgo geopolítico, que “puede ser sustancial y tener consecuencias imprevisibles”. No en vano, la UE importa de Rusia el 30% del gas que consume y el 22% de todos los combustibles. Por su parte, Rusia está en riesgo de entrar en recesión y su capacidad de recuperación depende enteramente de que Europa le siga comprando gas.

“La UE no se puede arriesgar a generar tensión política que provoque un aumento en los precios de la energía que ponga en peligro una recuperación económica incipiente y frágil”, señala Bankinter. El banco concede un 80% de probabilidades a una solución diplomática que evite un conflicto armado. Y el conjunto del mercado está en esa tesis, aunque un 20% de riesgo de conflicto sea un porcentaje nada desdeñable.

“El mercado sí reaccionó en principio a la crisis en Ucrania pero ha encajado con una rapidez sorprendente la situación. Tendría que suceder algo muy importante y de efecto muy duradero como para que el mercado se dé la vuelta”, señala Noelle Cajigas, directora de mercado de capitales de BNP Paribas.

Hay liquidez en abundancia y, en un entorno de tipos de interés en mínimos históricos, activos que en otro tiempo no habrían sido interesantes ahora sí lo son. “Antes la prioridad era la seguridad y luego la rentabilidad. Pero ya no es así”, explica Javier Urones, analista de XTB. La apuesta de los inversores está en intentar arañar cualquier resquicio de rentabilidad, un fenómeno especialmente evidente en la deuda de la periferia europea, que aún guarda potencial de rentabilidad una vez que se ha pasado página del peligro de ruptura del euro.

“La renta variable vive un momento de euforia, hay mucha liquidez en el mercado”, argumenta Santiago García, responsable de productos de inversión de Citi España. Y en un escenario base que no contempla el conflicto bélico en Europa del Este, la Bolsa tiene sus propios argumentos para mantener su avance, tal y como hace valer estos días.

“Los mercados desarrollados de Estados Unidos y Europa están en fase de recuperación y sus empresas, en expansión. En ese contexto, la Bolsa no encuentra motivos para dejar de subir”, añade Santiago García. Y lanza una advertencia que tienen muy presente los inversores que están alimentando los avances bursátiles. “Obtener un rendimiento anual del 4% sin riesgo ya no es posible”. La liquidez ha de dirigirse por tanto a activos capaces de tomar el testigo de los depósitos o las letras del Tesoro. Sánchez explica que en la cartera conservadora que diseña la entidad el peso de la renta variable aumentó en el mes de noviembre y ha pasado del 10% al 17%. El filón de la renta fija, que ha durado años, ya muestra señales de agotamiento y hace necesario “un cambio de sesgo hacia la renta variable que será estructural, para un horizonte de entre 5 a 10 años”, añaden en Citi España.

“Mantenemos nuestra visión positiva sobre los mercados globales y nos siguen gustando las Bolsas emergentes, aunque de forma selectiva”, añaden los expertos de Citi ya desde Estados Unidos. Su analista incluso mantiene su recomendación de sobreponderar la Bolsa Rusa. Todo sigue igual mientras la realidad no demuestre lo contrario.

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