El atractivo de la inversión menos común

Desde que en las primeras semanas de 2013 los grandes bancos de inversión comenzaron a cambiar la percepción financiera que tenían sobre España, tras el rescate bancario, una profunda reforma del mercado de trabajo que abarataba los costes laborales y los severos recortes del gasto público en todos los niveles administrativo, y que desató un apetito cuasi generalizado de los fondos de inversión que se han acercado en los últimos meses a concretar tal percepción en adquisiciones concretas, el movimiento de los inversores domésticos se ha centrado en los activos más tradicionales, como la deuda o la Bolsa.

Las rentabilidades esperadas en tales operaciones no han defraudado a quienes restablecieron su crédito en España: la prima de riesgo de la deuda ha descendido a la cuarta parte de los máximos desde entonces (ahora está ya por debajo de 160 puntos básicos), con la consiguiente mejora de los precios de los títulos en el mercado secundario, y la renta variable acumula desde entonces cerca de un 30% de revalorización, con un protagonismo creciente de los títulos bancarios, que se habían convertido en los grandes castigados por el rescate bancario de junio de 2012, y que entre otras cosas ha supuesto la primera colocación entre grandes inversores privados de una porción del capital de Bankia, cuando estaba previsto hacerlo en fecha más tardía.
Pero al calor de la mejora creciente de la percepción de España, y que se constata con cifras concretas que proporcionan todas las semanas los mercados financieros o las estadísticas sobre actividad y sus efectos sobre el empleo, han surgido otras operaciones de financiación empresarial, generalmente de empresas de pequeño tamaño y con calificaciones crediticias muy modestas, que se han convertido en oportunidades jugosas para inversores particulares.

En paralelo, y tras haber desaparecido de los mercados primarios, las comunidades autónomas, aunque no todas, han vuelto lentamente a los mercados con nuevas emisiones, aunque con limitaciones en los tipos a los que pueden captar dinero, pues no pueden superar en cien puntos básicos las rentabilidades a las que emita el Tesoro nacional. Es una oportunidad adicional para la ahorro, con una pequeña prima sobre la deuda pública estatal. No obstante, hay que advertir que el gran recorrido de los retornos a la deuda autonómica se ha producido ya, aunque no esté en absoluto agotado.
El establecimiento de mecanismos de financiación estatales para garantizar los pagos de las comunidades con problemas de solvencia proporciona niveles similares de garantía a los que proporciona el propio Estado, y las primas de riesgo autonómicas han descendido muy rápidamente, a la misma velocidad que lo han hecho las primas de riesgo del Tesoro respecto a la deuda alemana. En todo caso, tanto si se trata de bonos autonómicos o bonos corporativos de pequeñas empresas con baja calificación crediticia, los inversores particulares deben tomar precauciones que no serían necesarias para la adquisición de títulos del estado o de grandes corporaciones. Las rentabilidades que ofrecen, especialmente las empresas de crecimiento en una búsqueda de alternativas de financiación a la estrictamente bancaria, más cara y complicada, puede llegar hasta el 7,5%, aunque se trata de emisiones de volumen limitados.

Los inversores deben tener en cuenta que aunque existe un mercado secundario de este tipo de emisiones, hay muy limitada liquidez y es muy demandada por los fondos de pensiones o grandes fortunas, que retienen los títulos hasta el vencimiento. Y siempre hay que tener en cuenta que las altas rentabilidades responden a la modesta calidad financiera de las empresas emisoras, y a su consiguiente calificación crediticia, señales que no se deben perder de vista, y menos cuando se trata de las únicas señales que pueden encontrarse en el mercado sobre tales empresas, pues muchas de ellas ni siquiera cotizan en mercados regulares. Si se desean bonos, siempre existe la posibilidad de renunciar a una parte de la rentabilidad para recuperar seguridad, con la compra de títulos públicos nacionales o de otros países periféricos europeos que han recuperado la credibilidad como España, o adquirir papel de empresas de solvencia reconocida.

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