Cómo será el plan que ilumine por fin la zona euro

El BCE tiene por delante el anuncio del plan de estímulo más ambicioso de los que haya activado hasta el momento. El más esperado, hasta el punto de que ya no se contempla otra opción para estimular la economía europea que no pase por la artillería más pesada de Fráncfort, y también el más polémico, puesto que deberá superar la fuerte negativa de Alemania a que el BCE asuma con su política monetaria el riesgo soberano de ningún país de la zona euro. La gran cita es el próximo jueves 22 de enero, día en que se espera que, tras años de resistirse y después de haber agotado todas las opciones –incluyendo unos tipos de interés prácticamente a cero–, el BCE seguirá los pasos de la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón y activará compras de deuda para engordar su balance.

La cifra mágica está en el billón de euros. Es la pista que dio Mario Draghi, presidente del BCE, al avanzar su disposición a incrementar el tamaño del balance de la institución a los niveles en que estaba a principios de 2012. Era justo cuando se recogía el efecto de las dos megasubastas de liquidez LTRO con las que el BCE había inyectado liquidez a la banca por un billón de euros y que, si bien no sirvieron para activar el crédito, sí jugaron un papel decisivo al proporcionar los recursos con los que la banca siguió comprando deuda soberana de la periferia europea, sosteniendo así a gigantes como España o Italia. La otra gran decisión del BCE también llegó en en septiembre de ese año, cuando Draghi anunció su firme compromiso de hacer todo lo necesario para garantizar la supervivencia del euro. Avanzó entonces el diseño de un programa de compra de deuda condicionado a la petición de rescate, que nunca fue necesario poner en marcha y que justo esta semana recibió la aprobación del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, desechando los argumentos de ilegalidad de las compras de deuda que sostiene Alemania.

Ese dictamen ha sido el último obstáculo que ha superado Draghi en los preparativos que realiza desde hace meses para su quantitative easing a la europea. Y da via libre a que ese plan de compras sea ilimitado, al no hacer objeciones a la cuantía, lo que será un aspecto clave para su efectividad. “El tema crucial no está en los aspectos técnicos del QE sino en si el BCE será capaz de enviar el mensaje de que su programa tiene un final abierto”, sostiene Gilles Moëc, jefe económico de Europa de Bank of America Merrill Lynch. Es decir, que no hay una limitación en los estímulos y que el compromiso del BCE es total.

La apuesta del banco estadounidense es un programa de compra de deuda soberana, sin incluir la corporativa, por entre 500.000 y 700.000 millones de euros durante un período de año y medio de activos con calificación crediticia de grado de inversión, no necesariamente del mejor rating. Para Citi, el programa de compras de deuda podría ser algo más conservador, de alrededor de 600.000 millones de euros, en parte en un intento de suavizar las resistencias que puede encontrar en el consejo de gobierno del BCE, lideradas por el Bundesbank alemán. “Para maximizar su efectividad, el QE del BCE debería tener un final abierto, estar mutualizado al cien por cien, abarcar todas las emisiones de deuda soberana con independencia de su rating –contando con el bono basura de países como Chipre y Grecia, si bien sujetos a la vigilancia de la troika– y que incluya otros instrumentos tales como las emisiones de entidades públicas o los bonos ligados a la inflación”, añade Citi. El banco considera que el hecho de que el riesgo de las compras sea asumido por el BCE es de lejos la mejor opción, aunque ante la negativa Alemana también se ha planteado la opción de que sea un riesgo compartido por Fránfort y también por los distintos bancos centrales de la zona euro, como fórmula con la que tener a raya el riesgo soberano de cada país.

Las compras de deuda soberana son la gran opción que tiene el BCE, ya que el volumen y profundidad de este mercado es mucho mayor que la de cualquier otro tipo de activo, ya sea la deuda corporativa o el reducido mercado de bonos de titulización. La efectividad de tales compras de deuda pública se pone en cuestión ya que el coste de financiación de los estados ya está en mínimos y no es necesaria por tanto la intervención del BCE para abaratarla más. El verdadero desafío es que, además de generar la confianza en la zona euro que aliente el consumo y el alza de los precios, las medidas de Fráncfort lleguen por fin a la economía real, no solo al ámbito financiero. En definitiva, que la financiación también se abarate para las pymes y que fluya por fin el crédito.

La compra de deuda corporativa sería por tanto un buen incentivo para la financiación empresarial, que en todo caso podría verse beneficiada por la búsqueda de rentabilidad, que quedaría aún más debilitada en la deuda soberana con las compras del BCE. La cuantía, el riesgo y el destino de las compras serán por tanto las grandes incógnitas por despejar. El cuándo se espera para el jueves.

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