Incestuosa connivencia de políticos y compañías energéticas

Rodrigo Rato, imputado por la justicia en el embrollo de Bankia, visitará a partir de ahora Barcelona con cierta frecuencia. Acaba de nombrársele consejero de Servihabitat Servicios Inmobiliarios, en representación del fondo Texas Pacific Group. Éste controla los destinos de dicha empresa desde el pasado septiembre, cuando adquirió el 51% del capital a su anterior propietaria La Caixa.

El fondo estadounidense ha designado también para el órgano de gobierno de Servihabitat a Alfonso Cortina, gran amigo de Rato. Es de recordar que Cortina se encumbró en su día a la jefatura de Repsol, gracias al dedo providente de Rato, a la sazón segundo de a bordo en el Gobierno de José María Aznar.

Bajo la férula de Cortina, Repsol acometió en 1999 la compra de la petrolera argentina YPF, por 15.000 millones de dólares. Aquel lamentable trasiego ha acabado provocando pérdidas colosales a la compañía española.

En el sanedrín de Servihabitat, Rato y Cortina compartirán mesa con varios hombres de TPG y con tres delegados de La Caixa, los señores Cayuela, Vendrell y Noguera, funcionarios de su división inmobiliaria.

El nuevo puesto no parece estar a la altura del antaño todopoderoso vicepresidente del Ejecutivo español, pero pelillos a la mar. Don Rodrigo sigue sumando consejos de administración y prebendas, que es de lo que se trata. En 2013, el mandamás de Telefónica, César Alierta, lo enchufó en los consejos asesores de Telefónica Latinoamérica y Telefónica Europa. Tales cargos, sin implicar un trabajo extenuante, llevan aparejado el cobro de dietas y otros chollos cifrados en 100.000 euros anuales.

Por su parte, Emilio Botín le hizo sitio en el comité asesor internacional de la entidad, con una mamandurria todavía mayor, de 200.000 euros al año. Dicho ente encierra una característica singular. Consiste en que los emolumentos de sus miembros suelen ser inversamente proporcionales a la carga laboral soportada.

Con esos gestos, Alierta y Botín demuestran ser amigos de sus amigos. No en vano, Alierta escaló, gracias a Rato, la cima de Tabacalera, desde donde dio el salto a Telefónica. Los favores de Rato a Botín son incontables, como también lo son los prestados por Botín a Rato, a quien sacó de más de un apuro sobre las empresas quebradas de su familia.

Aplastante déficit tarifario

La moda de colocar políticos en las grandes empresas está de plena actualidad. El sector que más servidores públicos concentra por metro cuadrado es el energético. Iberdrola, Endesa, Repsol, Enagás, Gas Natural y Red Eléctrica pagan jugosas retribuciones a una lista interminable de ex mandatarios.

Entre ellos se encuentran Felipe González, José María Aznar, Miguel Boyer, Ángel Acebes, Rodolfo Martín Villa, Pedro Solbes, Isabel Tocino, José Borrell, Miquel Roca Junyent, Paulina Beato, Luis Carlos Croissier, Juan María Atutxa, José Folgado, Antonio Hernández Mancha, David Madí, Manuel Marín y Ana Palacio.

¿Y qué pueden aportar todos ellos al mundo del kilovatio y los hidrocarburos? Pues como suelen decir algunos amanuenses, “capacidad de interlocución” ante las administraciones, que traducido a román paladino no es otra cosa que tráfico de influencias al por mayor.

Por supuesto, sus respectivos nombramientos se han hecho con arreglo a la ley de incompatibilidades y respetando todos los plazos. Pero ello no quita a nadie una sensación incómoda. Y es que toda esa caterva de aprovechados cobrando a manos llenas de las monopolistas de la energía, nada bueno puede deparar a los consumidores. En cierto modo, recuerda aquel adagio sobre las reuniones de pastores y las ovejas muertas.

Desde 2007, el recibo de la luz se ha encarecido un 65%, cifra que sube al 85% si se toman los últimos diez años
. En tal periodo, las compañías del ramo han ganado dinero a capazos. Pero, entre tanto, se ha ido generando por arte de birlibirloque un supuesto déficit de tarifa a favor de las suministradoras, que el Estado reconoce a pies juntillas.

Esto implica que el conjunto de los contribuyentes, aparte de sufrir el imparable aumento del recibo, ve cernirse sobre sus espaldas una masa de deudas de casi 30.000 millones de euros. Antes o después, los ciudadanos de a pie tendrán que pechar con ese dineral para que pase directo a las arcas de las compañías. Así se entiende mejor que sus cúpulas aparezcan pobladas de profesionales de la política.

Fuente: http://www.economiadigital.es/es/notices/2014/03/incestuosa_connivencia_de_politicos_y_companias_energeticas_52235.php