Una urgente nueva etapa para la I+D+i

El ministro de Economía y Competitividad lanzó ayer un mensaje claro a favor de la investigación, el desarrollo y la innovación en España: “Estamos en disposición de abordar una nueva etapa en la política de I+D+i”, y aseguró que en los próximos años los recursos europeos (unos 4.400 millones de euros) se dedicarán en gran parte a esta materia, igual que en el pasado estos fondos se destinaron a la modernización de las infraestructuras.

La Cumbre de la Innovación, organizada por la CEOE con motivo de su Asamblea General Extraordinaria, ha servido para poner sobre la mesa las importantes demandas y demasiadas incertidumbres a que se enfrentan las empresas españolas en el campo de la I+D+i. El listado es largo, y lo encabeza acertadamente la reclamación de incentivos fiscales y más seguridad jurídica para seguir invirtiendo en ese campo. Además, las compañías alertan de que si se suprime la deducción por gastos en I+D+i, como propone la Comisión Lagares para la reforma fiscal, habrá una fuerte pérdida del empleo cualificado y peligra la continuidad de los centros de I+D+i que muchos grupos internacionales han instalado en España. Igualmente, las empresas reclaman bonificaciones en las cotizaciones para la contratación de investigadores cuanto antes y piden que no se aplacen las convocatorias de ayudas para evitar incertidumbres sobre las inversiones. Son demandas llenas de razón y cuya consecución debe estar marcada por la eficacia y el buen uso de los fondos públicos.

El mensaje del Gobierno, en el sentido de que la escasa dotación presupuestaria de la política de I+D+i se ha debido a la consolidación fiscal para el equilibrio macroeconómico realizada en los dos últimos años, es solo una justificación. Porque una economía que no innova es una economía anquilosada, un país en el que no avanza la I+D+i es un país frenado. Por eso, bienvenidas sean las palabras del ministro en el sentido de que esa época de penuria presupuestaria para la innovación se ha acabado. Pero conviene no olvidar que el dinero, con ser imprescindible, no es la única necesidad de la I+D+i. Se requiere, entre otras cosas, aumentar el nivel en el sector privado, superar de una vez la impermeabilidad entre universidades, centros de investigación y empresas, y asegurar los retornos.

Que la política de I+D+i sea el “principal foco de recepción de los recursos en las próximas perspectivas financieras 2014-2020”, como ha dicho Guindos, es una gran noticia, porque es la llave del crecimiento. Pero será así solo si se saben aprovechar los retornos, se optimizan las infraestructuras para investigar y se promueve el talento tanto en el sector público como en el privado.

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