Un mercado de trabajo como arma electoral

Siempre que vienen estas fechas se tiene la tentación de hacer un balance de lo sucedido en el año anterior. Y en está ocasión mucho más justificado por el hecho de que 2015 serán un año de citas electorales (habrá comicios municipales, autonómicos y posiblemente generales).

Por ello, consideramos interesante efectuar un balance del mercado laboral español. Así, según los Servicios Públicos de Empleo (SEPE) en el año 2014 el paro registrado desciende en 253.627 personas (-5,39%) hasta alcanzar la cifra de más de 4,47 millones. Por su parte, en los últimos doce meses los afiliados ocupados han aumentado en 417.000 (2,55%). Con estos datos, el tono optimista parece haberse instalado en el Gobierno de España. El ejecutivo intenta transmitir en todas sus intervenciones públicas cuál será su principal mensaje electoral: confianza en la recuperación.

Sin embargo, aunque no cabe duda de que el mercado laboral ha mejorado en 2014 con relación a 2013, no está claro que esa mejora pueda traducirse literalmente como afirma el Gobierno en una recuperación firme e intensa del mercado laboral. Llegado a este punto se hace necesario definir el término recuperación ya que resulta fundamental para examinar las expectativas laborales de 2015.

En este sentido, el término recuperación es muy discutible y más si se utiliza de manera muy interesada. Según los economistas, se ha iniciado un pequeño repunte, que ni siquiera ha llegado a las familias y se ha quedado en las grandes cifras macroeconómicas Por nuestra parte, creemos que es interesante definir qué se entiende por recuperación: la obtención de una cosa que antes se tenía o lo que se había perdido. Y aplicando dicho concepto para que pueda afirmarse que ha llegado la recuperación nuestro país debería recuperar los niveles previos a la crisis. Para sostener el mensaje de recuperación la mejora de 2014 debería compararse con un horizonte temporal más amplio, es decir, con el dato que se encontró al tomar posesión el Gobierno de Mariano Rajoy (diciembre 2011). Así, de dicha comparación se concluye que todavía hay mucho camino que recorrer. Hoy, en nuestro país hay 878.000 cotizantes a la seguridad social menos (nos referimos a afiliaciones medias anuales que es un indicador más estable que la cifra del último día del mes) y 25.352 parados registrados más de los que dejo el anterior Gobierno. En definitiva, y por emplear un símil futbolístico ganar el último partido es importante pero lo que cuenta es el resultado final de la liga. Son dos cosas bien distintas. En el supuesto de que alcancemos la plena recuperación no se tendrá que analizar solamente la evolución del mercado laboral en términos cuantitativos sino también en cualitativos, es decir, considerar la calidad del empleo. En la última reforma laboral realizada por el actual Gobierno ha construido un mercado de trabajo muy diferente con expectativas laborales muy inferiores, ya que los empleos destruidos son muy distintos a los empleos que se han creado.

En concreto, desde que se aprobó dicha reforma laboral (febrero 2012) los salarios han bajado lo que supone pérdida del poder adquisitivo, el empleo a tiempo parcial sigue creciendo ya representa el 33% de los contratos registrados en el SEPE y los contratos temporales ganan un mayor peso específico y tienen cada vez menor duración (el 40% tienen una duración inferior a un mes). En definitiva, trabajo más precario. Desde esta perspectiva, no se puede entender esa visión tan optimista del ministro de Economía, Luis de Guindos, al afirmar recientemente que “los ciudadanos han perdido el miedo a perder el trabajo”. Quizá sea útil recordar que es difícil encontrar trabajo si te quedas sin él. Y si no que se lo pregunten a los parados de larga duración que representan dos tercios del total desempleados.

Evidentemente que me gustaría no tener que rebatir las palabras del ministro de Economía y ojalá la plena recuperación fuera ya en estos momentos un objetivo cumplido y, así, poder darle la razón. Sin embargo, desgraciadamente, la realidad es bien distinta todas aquellas personas que tienen un empleo tienen una espada de Damocles y tienen una visión mucho más negativa de la realidad laboral, sobre todo, cuando constatan que en nuestro país hay un ejército de parados en busca de empleo con unas cifras de desempleo inaceptables que produce un pesimismo colectivo. Por lo tanto, dichas palabras no parecen ser las más apropiadas. La autosatisfacción no nos debe hacer perder las composturas tan fácilmente. Las personas merecen un mayor respeto.

Vicente Castelló Roselló es profesor de la Universidad Jaume I y miembro del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local

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