Syriza cambia la historia

L a historia de la Grecia moderna. La de los últimos decenios, pero también la del último siglo y medio. Apenas dos escaños le han separado de la mayoría absoluta. Éxito arrollador, se mire como se mire. Cansancio al pasado, hartazgo hacia las políticas tradicionales. Las que llevaron al país heleno al atolladero en que se encuentra. La gestión de Samaras no ha sido recompensada, al contrario, por mucho que contaba con el vehemente y a veces algo entusiasta apoyo de Bruselas, Berlín, Londres, Madrid, etc. Algo nuevo nace en Europa. Será populismo o no, pero es la expresión descarnada de una sociedad y unos ciudadanos que están hartos de lo viejo, lo caduco, las formas de antaño, los bipartidismos. Prueba de ello es la defunción de los socialistas griegos, condenados a la irrelevancia más marginal y la irrupción apoteósica de Syriza, que ha pasado de cero o prácticamente cero a casi todo en un intervalo de tiempo donde el desastre económico y financiero de Grecia y la pésima gestión política de sus gobiernos ha llevado a la debacle al país primero, a los ciudadanos y a los partidos políticos.¡ Tsipras no ha tardado ni doce horas en pactar su gobierno con diputados de la derecha nacionalista y jurar civilmente que no ante la autoridad religiosa ortodoxa su cargo, por vez primera en la historia de Grecia. Las formas cuentan y mucho. Los hechos a partir de ahora serán medidos al milímetro por la Unión Europea primero, por los ciudadanos después.

Quiénes desde Europa ha visto y todavía ven como un peligro o una seria amenaza a los izquierdistas radicales de Syriza no les queda más remedio de cohabitar con ellos en las instituciones europeas. Veremos la docilidad o el enfrentamiento, la habilidad o simplemente la inteligencia de unos y de otros en los próximos meses. Avisa el Banco Central Europeo, la deuda hay que pagarla. Avisan otras instituciones y Grecia tiene sin embargo una asignatura crucial, volver a ser competitivo y crecer, más allá de pagos o no de deudas así como de sus reestructuraciones, que todo se verá, y sino al tiempo, como en el propio escalonamiento de la misma. El acreedor esta vez es europeo. Nerviosismo en las plazas, volatilidades y fluctuaciones pero también en los gobiernos y cancillerías. Miedo al contagio. Miedo a que Syriza se propague en otros países, los mediterráneos por un lado, los nacionalismos xenófobos más execrables en el norte. Todo vale. Los extremos se tocan. La vieja política agoniza. No lo queremos ver. Pero es así. No es tiempo de regenerar, ni de reinventarse, es tiempo de cambio. De reedificar la política y los partidos. Las ideas han sido superadas por el ímpetu del descontento social, la rabia hacia lo petrificado en conductas y comportamientos, corrupciones y enriquecimientos exponenciales de unos pocos mientras las pérdidas se maximizan en una sociedad que ha visto como lenta pero irreversiblemente se ha empobrecido.

Tiempos donde los cambios y sus tribulaciones se manifiestan. Tiempos donde la arrogancia y el inmovilismo tendrán un enorme precio y coste político. Tiempos donde la contraposición entre ciudadanos y países frente a mercados y especuladores, fondos etc., se hará más grande, más honda, más viciada. El magma de Syriza ha sido el descontento social frente a la austeridad impuesta. El fracaso colectivo de Grecia como país y como sociedad liderada por políticos a los que hoy los helenos han censurado y marginado y confiado su caudal electoral y confianza en la izquierda radical. Una izquierda que asusta a lo viejo, a lo de siempre, que arrolla con su ímpetu y su desparpajo frente a cánones sagrados que nadie osa traspasar en la vieja Europa, salvo el cinismo de los grandes cuando son ellos los perjudicados.

Liquidez y ratings, garantías y percepciones serán revisadas con lupa. Es el mercado. El gran poder en cuyo nombre unos hacen y otros obedecen. Lo que Syriza ha sabido explotar y cohesionar aglutinando el voto de millones de griegos. Otra Europa, otras formas de salir de la crisis es el mensaje. El miedo es hoy la vis expansiva y el efecto contagio en la política y en las elecciones. El espejo griego proyecta su luz convexa hacia España y Portugal, aunque en este último país en menor medida. En Italia, Grillo ha ido erosionando lentamente su propio perfil y el de su partido. Tsipras necesita socios, necesita aliados en Europa. Gobernará pensando en Grecia sin duda, pero estos primeros meses tendrá puesta la mente y la estrategia también en el reflejo y constancia de lo que haga tendrá su proyección en otros países sobre todo en partidos próximos. Ganó Syriza, gobierna Syriza pero el sol, sale, como cada mañana, por el mismo lugar. Ley de vida, o tal vez caprichos de los dioses del Hélade.

Abel Veiga es profesor de Derecho en Icade.

Fuente: http://com.cincodias.feedsportal.com/c/33500/f/624601/s/42ba2181/sc/11/l/0Lcincodias0N0Ccincodias0C20A150C0A10C260Ceconomia0C14222986840I9797860Bhtml/story01.htm