Sin comprender a fondo el papel de Santiago Carrillo no habrá verdadero PCE

Como comunista que tras muchos años veo una cierta luz de esperanza en el proceso de revisión autocrítica abierto en el marco del XX Congreso del PCE, me ha sorprendido la reciente opinión de Alberto Garzón sobre Santiago Carrillo, al que atribuye un “error de diagnóstico” sobre el momento político de la Transición, descartando con rotundidad lo que para mí y para muchísimos comunistas fue una labor de sistemático liquidacionismo consciente, tanto en lo ideológico  como en lo político y orgánico. Y pruebas de ello hay de sobra.

La dirección del PCE que encabezaba Santiago Carrillo, desarrolló todo un conjunto de actitudes y posiciones oportunistas en el sentido de la suplantación del marxismo por ideas liberal-burguesas en el seno del partido de los comunistas. Se sabe que ese es el arma más eficaz y demoledora con que cuenta la burguesía en su lucha de clases contra el proletariado al conducir a la pérdida de las cualidades revolucionarias de los comunistas, así como a que se aparten del internacionalismo proletario. Por eso, la vigilancia política y la lucha consecuente contra toda deformación del Programa, de los principios partidarios, de la disciplina y de las normas organizativas estatutarias son un deber a cumplir por todos los militantes de manera estricta e intransigente. Otra cosa es hacerle el juego a la burguesía.

Ya Carrillo hacia concesiones a la burguesía al pactar la llamada Junta Democrática. En julio de 1974, renunciando a la movilización popular y para “obligar” a la burguesía a pactar le fue haciendo concesiones (por ejemplo sobre el Estado, en la que llegó a falsificar 12 citas esenciales de Lenin para poder presentar su “elucubración” como apoyada en Lenin) que iban borrando progresivamente la fisonomía marxista-leninista del Partido, hasta que en julio de 1974 rebajó las reivindicaciones obreras hasta prestarse a hacer públicamente la concesión de principio determinante del marxismo. Todo comunista sabe que la contradicción básica del capitalismo se manifiesta como antagonismo irreconciliable entre el proletariado y la burguesía, sin embargo Carrillo firmó la Declaración de la Junta Democrática en la que se afirmaba que ” el contexto actual no conduce a la confrontación irreconciliable, sino a la libre concertación entre las fuerzas nacionales y regionales de la producción, que es la esencia del moderno desarrollo económico”. Con ello la burguesía se garantizaba, y Carrillo lo cumplió, que la clase obrera no desempeñase el papel dirigente en la consecución de la alternativa democrática al franquismo y que el PCE y la clase obrera marcharan a su remolque.

A partir de ahí se sustituyó la Huelga General Política y la posterior Huelga Nacional Política por “un llamamiento al pueblo para que permanezca atento a la convocatoria de la Junta Democrática”, renunciando a la movilización del Partido, en suma llamando al pueblo a que permanezca quieto esperando a que “otros” pacten su futuro. Yno paró ahí la cosa. Luego vino la consigna de “ruptura” que fue sustituida por la de “ruptura negociada”, llevando finalmente al fiasco de la llamada Transición en la que el franquismo y la oligarquía impuso su “reforma política” que solo supuso un cambio en su forma de dominación, se cambió para que todo esencialmente siguiera igual.

Carrillo continuó haciendo concesiones ideológicas de todos los principios del marxismo-leninismo y apoyó los pactos de la Moncloa, aceptó las bases yanquis, los monopolios europeos, hizo que el PCE rompiera con el movimiento comunista internacional y que formalizara en el IX Congreso el abandono del leninismo. Toda esta sucesión de posiciones liquidacionistas en lo ideológico y en lo político fue acompañada en todo momento con la liquidación orgánica en la que tuvo marcada relevancia el Pleno del CC de Roma de 1976 al eliminar la organización sectorial de células y pasar a la fórmula socialdemócrata de la agrupaciones territoriales, provocando la disolución del partido en las empresas y pasando a diluirse la militancia comunista en una avalancha de adherentes sin formación ideológica y con la motivación fundamental de la orientación del PCE hacia la batalla electoral. Con ello se intenta eliminar definitivamente de la conciencia de los militantes la necesidad del partido obrero revolucionario e independiente de la burguesía. Para llegar a esto ya en el VIII Congreso de 1972, Carrillo había cambiado la definición del PCE como “partido para la lucha revolucionaria, no electoralista” por otra en la que se afirma que “el sufragio universal es consustancial al avance al socialismo”  pretendiendo ignorar las experiencias producto de las luchas de las masas populares. 

Todo lo expuesto no es producto de fatalidades históricas, ni de banales equivocaciones, ni tampoco de “errores de diagnóstico”, fue el fruto de una estrategia y de unas concepciones liquidadoras, del PCE como partido marxista-leninista, que se denominaron “eurocomunismo” y que también produjeron un daño trágico para otros partidos además del PCE. Por eso en estos momentos la esperanza está en una actuación consecuente con todo lo dicho ante la 2ª fase del XX Congreso del PCE, desarrollando el proceso de reconstrucción del mismo sobre la base del marxismo-leninismo.

Arturo Borges Álamo, miembro del colectivo Punto de Vista Comunista

Fuente: http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/la_voz_del_lector/comprender-Santiago-Carrillo-verdadero-PCE_0_2908509122.html