Los métodos innovadores que la educación española necesita

Fue el mismo gobierno el que en 2014, tras repasar el informe de la Organización para Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), señaló los principales fallos del sistema. Se señalaba, en primer lugar, la tasa de abandono escolar, del 22,7% era la más alta de toda la Unión Europea, al igual que la de repetidores.

Los resultados son mediocres y se ha observado un abismo entre la situación del sistema educativo y lo que pide el mercado. Este mismo año 2017, de hecho, un estudio de la Fundación Axa y Educa 20.20 señalaba que el 44% de los estudiantes entre 16 y 20 años prefieren hacer una carrera en ciencias sociales y jurídicas. Solo el 10,5% elige ciencias, un dato que se ve con preocupación porque la investigación queda en un segundo plano.

Habría que apuntar también a la inversión. Aunque en España está dentro de la media europea, se prevé que caiga a su menor nivel en los últimos 20 años. Son datos que Cinco Días extraía del Programa de Estabilidad 2017-2020, tomando como referencia el PIB nominal previsto por el mismo gobierno.

A la búsqueda de un diagnóstico que sirva para ofrecer soluciones, el profesor de la Sociología de la Educación Xavier Martínez-Celorrio participó en el Informe España 2016, ofreciendo un listado de 114 escuelas innovadoras para el cambio y repasando sus modelos.  En sus proyectos educativos, a veces bastante alejados de lo tradicional, se suelen ver elementos comunes.

El alumno en el centro

Que el alumno debe situarse en el plano central de la enseñanza parecer quedar claro hasta en la teoría, pero la práctica dice otra cosa. Los estudiantes tienen poco protagonismo en una clase en que lo que más se escucha es al profesor, quien impone una metodología homogénea año tras año.

Romper con esta dinámica no es fácil, sobre todo si se piensa en esos profesores de las generaciones más avanzadas que están acostumbrados a guiarse por un libro de texto. Serán los más jóvenes quienes habrán de traer nuevos modelos y conseguir que otros los asuman, no al revés.

En el ámbito privado es precisamente donde se insiste en esto de la personalización. Así lo hace una academia de oposiciones para guardia civil como Avefor Formación, con los cursos más completos para ascender e ingresar al cuerpo de la guardia civil. Los planos en los que se desarrollan ambos procesos de aprendizaje no son comparables, pero sí demuestran que, allá donde hay flexibilidad de acción, el profesor opta por centrarse en el alumno.

Formación continua y variedad

El profesor Martínez-Celorrio habla de aprendizaje por proyectos, una práctica que tiende a difuminar los límites de las asignaturas y se centre en temas que permiten más flexibilidad y mantener la motivación del alumno. Es, nuevamente, ir más allá de los tradicionales libros de texto y del currículo cerrado que suelen tener las asignaturas, y que hay profesores que se centran en seguir y terminar.

Este nuevo método invita también a variar la metodología empleada, una práctica que debería ser obligatoria considerando los muchos recursos que ofrece la Era Digital. Es fácil que los alumnos de hoy, que han nacido y crecido manejando mundos digitales cambiantes, se aburran al seguir el libro de toda la vida, no se motiven.

Cuando son mayores y la etapa de educación obligatoria se termina, sí recurren a formación específica usando, por ejemplo, un buscador de cursos que les haga dar con lo que realmente les interesa. Mientras tanto, el del aprendizaje por proyectos parece convincente, al menos para colegios jesuitas y algunos finlandeses que ya han empezado a emplearlos.

Cambios estructurales

En el Informe España 2016, Martínez-Celorrio cita específicamente el modelo Amara-Berri, que se aplica a 1.300 alumnos de entre 2 y 12 años en 20 escuelas del País Vasco. Los contenidos que se ven en la escuela “son concebidos como un sistema social apegado a la vida cotidiana donde quedan integradas la teoría y la práctica, a través de actividades vitales que son significativas para los niños”. Es incidir en lo que se mencionaba más arriba.

Es más fácil por contextos sociales, asumiendo situaciones de la vida real en proyectos que permiten aprender a través del juego. Un modelo que no es nuevo, puesto que el gobierno vasco ya reconoció en 1990 al colegio Amara Berri como centro de innovación educativa, y el modelo se ha ido mejorando de forma progresiva.

Según se tiran los muros de la vieja escuela, se abre también la puerta a temas que, aun siendo importantes, gozan de menos protagonismo, como la educación de la salud tanto en niños como en adolescentes. Los contenidos se convierten en multidisciplinares.

Diversidad para el aprendizaje

La diversidad en las aulas es una realidad evidente y ha supuesto más de un quebradero de cabeza para profesores que se encuentran ante aulas masificadas y alumnos con contextos muy diferentes. Cuando no con necesidades educativas especiales que resultan difíciles de atender como es debido.

Pero el profesor Martínez-Celorrio va más allá y cita la disparidad de edades en las clases. Algo que puede resultar muy enriquecedor para los alumnos si se gestiona de la forma adecuada, porque los mayores transmiten conocimiento a los pequeños. Parte de una necesidad, la que han tenido tradicionalmente las escuelas rurales en España. Un modelo que, para profesor, ha funcionado bien.

En las escuelas innovadoras también se ha observado un fenómeno que debería ser de aplicación en todas: la implicación de toda la comunidad educativa. Esta, además de alumnado y profesorado, incluye también a padres y madres, que trabajan juntos para conseguir resultados. En la mayoría de centros, sin embargo, la separación entre la familia y el profesor es manifiesta.

Si la comunidad trabaja en conjunto, en cambio, será más fácil que se dé un ambiente propicio en el que se resuelvan mejor esos problemas de convivencia que puedan surgir.

Fuente: http://www.elconfidencialdigital.com/la_buena_vida/cursos/metodos-innovadores-educacion-espanola-necesita_0_2933706608.html