La inflación negativa en Europa y el petróleo a 50 dólares presionan a Draghi

La amenaza de deflación comenzó a planear sobre la zona euro en la segunda mitad del pasado año y ha sido convidado de piedra en cada una de las intervenciones de Mario Draghi, que se ha empleado a fondo en los últimos meses en negar que la región esté en una espiral bajista de precios. Pero el fulminante derrumbe del precio del petróleo está sacudiendo, para beneficio de algunas economías y perjuicio de otras, las previsiones económicas y las perspectivas trazadas para este año y consolidando el descenso de los precios que tanto teme el Banco Central Europeo.

La tasa interanual de deflación fue negativa en diciembre en la zona euro por primera vez desde octubre de 2009, con un -0,2%, y se ha visto arrastrada por el descenso en los precio de la energía, del 6,3%, frente al retroceso del 2,6% registrado en noviembre, según explicó hoy el Eurostat. Esta tasa de inflación negativa contrasta con el dato reducido, aunque positivo, del 0,3% de noviembre y con la propia previsión del consenso de mercado, que estimaba un -0,1%. El dato recoge por tanto el efecto del brusco abaratamiento del petróleo, ya que en el mes de diciembre el barril Brent se derrumbó desde los 70 dólares a los 57. Y mantiene su arrolladora caída en las primeras jornadas de este año, en que se ha depreciado más del 11%, hasta caer hoy de los 50 dólares por barril, nuevo mínimo desde 2009.

El descenso en el precio del crudo parece no encontrar suelo a la vista de la firme postura de la OPEP de no reducir su producción y de una menor demanda derivada de una recuperación económica que no termina de consolidarse.“Seguimos creyendo que la inflación de la zona euro se mantendrá probablemente en tasa negativa en los próximos meses antes de recuperarse lentamente ya que la debilidad del petróleo seguirá pensado en los precios”, señalan desde Barclays. En definitiva, un horizonte para 2015 en el que se aleja más todavía el objetivo de precios en el 2% al que aspira el BCE y al que pretende aproximarse a finales de 2016 y que aproxima por tanto el programa de compra masiva de deuda por parte de la institución que preside Mario Draghi. Es decir, el quantitative easing al estilo de la Reserva Federal.

El BCE ya dio una primera pista de sus intenciones en mayo, cuando comenzó a hablar de nuevas medidas extraordinarias. El euro se ha ido depreciando desde entonces, hasta marcar estos días mínimos de los últimos nueve años, en paralelo a la caída de rentabilidad de la deuda soberana, a la espera de la activación de un plan de compras masivas. Draghi ha reiterado que, en la búsqueda de la estabilidad de precios, tomará las medidas que sean necesarias, incluso si no hay unanimidad para ello en el consejo de gobierno del BCE, en clara alusión a la negativa de Alemania a la compra de deuda soberana, por la que los inversores y analistas económicos apuestan ya de forma unánime.

“El BCE ya tenía previsto actuar y el continuo derrumbe del crudo da más argumentos, aunque la inflación subyacente no está tan mal. Además, el abaratamiento del petróleo va a tener un efecto positivo en el consumo”, señala Santiago Carbó, catedrático de Economía de la Bangor Business School e investigador de Funcas. De hecho, el efecto beneficioso que un petróleo más barato puede tener sobre el crecimiento es uno de los elementos que insiste en defender el Bundesbank alemán a la hora de valorar la necesidad de nuevas medidas extraordinarias. Aunque detrás del precio del petróleo también esté una débil demanda que remite a un débil crecimiento económico.

Miguel Arregui, analista de AFI, señala que el indicador de inflación que más vigila el BCE es la subyacente. Y descontando la energía, la inflación interanual fue del 0,6% en diciembre, estable en relación con el mes anterior. Aun así, “si el BCE quiere aproximarse al objetivo de precios del 2%, la compra de deuda soberana es la única palanca capaz de mover expectativas”, añade. Se trata por tanto de inyectar liquidez con la que fomentar el gasto de los consumidores y la idea, enemiga de la deflación, de que los precios serán superiores en el futuro. Otra de las referencias que vigila el BCE, las expectativas de tipos de interés a cinco años, también ha caído con fuerza, desde el 1,9% de noviembre al 1,56% actual.

A la vista de un escenario de muy baja inflación a causa del petróleo –con una tasa negativa de media para 2015 en países como España–, la duda ya no es si el BCE actuará sino cuándo lo hará y con qué magnitud. La reunión del BCE del próximo 22 de enero es la gran cita, aunque llega tan solo tres días antes de las elecciones generales griegas, cuya convocatoria ha desestabilizado a los mercados ante la previsible victoria de Syriza, que aboga por una reestructuración de la deuda y por rebajar las exigencias que impone la troika a cambio del rescate.

Draghi ya señaló en diciembre que quería tiempo para analizar el alcance de las últimas medidas extraordinarias: la compra de cédulas hipotecarias, de bonos de titulización y las dos subastas de liquidez TLTRO condicionadas a la concesión de crédito y en las que ha prestado a la banca 212.400 millones de euros. Pero por el camino se ha cruzado Grecia y el anuncio del QE que muchos esperan para este mes podría retrasarse a la reunión de marzo. “No creo que el BCE se comprometa a compra deuda, incluida la griega, sin conocer antes el desenlace político griego. También podría anunciar el QE, aunque condicionado al cumplimiento de los requisitos que imponga Bruselas a los países de la zona euro”, apuntan desde AFI.

La otra gran cuestión es la cantidad de activos que comprará el BCE para lograr el objetivo de estimular los precios y el crecimiento. “El QE tendrá un efecto limitado, que funcionará a través de las exportaciones y de la depreciación del euro pero no completamente a través de la expansión del crédito”, advierten desde Royal Bank of Scotland.

Los inversores han tomado nota de la intención del BCE de elevar el tamaño de su balance al de niveles de principios de 2012, lo que supondría estímulos por un billón de euros. Y el gran mercado hacia el que canalizar las compras para dar efectividad al QE es, tal y como descuentan los inversores, el de deuda: 1,84 billones de euros de deuda soberana con rentabilidad positiva de países core – otros 1,86 billones tienen rentabilidad negativa– y 3,13 billones de deuda de países de la periferia y 1,6 billones de deuda corporativa financiera y no financiera de la zona euro.

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