La historia se repite

Muchas veces afirmamos que la historia se repite. Especialmente cuando percibimos ciertas coincidencias que se producen y que nos recuerdan algún acontecimiento ya vivido en otra ocasión. Esto, que sucede así, cada vez nos parece más complicado que ocurra debido al desarrollo tecnológico, al avance en muchas ramas del saber y a la velocidad a la que ocurren determinadas noticias. Sin embargo, no significa ni mucho menos que debamos dejar de acudir a la experiencia de lo acontecido para tratar de conseguir que ciertas situaciones negativas no se vuelvan a producir, ni tampoco sus consecuencias. A pesar de todo, estas circunstancias en el campo económico vuelven a producirse de vez en cuando.

Una interesante cuestión a este respecto la he encontrado revisando fuentes de documentación, en búsqueda de apoyos bibliográficos sobre mi preocupación, o más bien mi percepción de la falta de un mayor rigor, en el campo de la deuda pública internacional en general y de la española en particular.

En 1996 se publicó el denominado Libro blanco sobre el papel del Estado en la economía española. El trabajo, dirigido en mi opinión de forma brillante, como solía ser siempre su método de hacer las cosas, por el profesor Rafael Termes, contó con la colaboración de un importante elenco de profesores y catedráticos de diferentes disciplinas que aportaron sus conocimientos y experiencia sobre el tema en cuestión.

Resultan muy interesantes tanto el diagnóstico de la situación como las conclusiones y las propuestas de reforma. Tras la exposición del marco de la economía de mercado, asunto que a menudo se nos olvida, se denunciaba el enorme tamaño del Estado español y la indispensable reducción que era necesario acometer. Y se propuso actuar reformando las Administraciones públicas, la justicia, el sistema impositivo, el mercado del trabajo, el sistema educativo, las pensiones, la sanidad… Se planteó la liberalización de diferentes sectores incluyendo las reformas imprescindibles para dinamizar la economía de estos sectores dado su peso en la actividad económica. Hablamos de los sectores de la construcción, energía, financiero, seguros, siderurgia, telecomunicaciones, transportes aéreo y terrestre y medios de comunicación.

En la historia económica encontramos muchos ejemplos de crisis y desde épocas muy lejanas

¿Nos suena todo esto? Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que reiteradamente venimos hablando de lo mismo. Cambian las fechas, las cifras y algunos detalles, pero el fondo de la cuestión permanece y en muchas ocasiones se agrava la situación porque las medidas que se proponen para corregir los desequilibrios o para posicionarse estratégicamente de cara al futuro resultan insuficientes.

Los ciclos económicos como realidad nos ofrecen diversas etapas. Tras una situación de crisis aparece una época de recuperación a la que seguirá el auge de la economía y más tarde una recesión que podrá nuevamente desembocar en otra depresión. Los ciclos económicos responden en la práctica a este modelo y la crisis iniciada en 2007 no es sino una etapa de un ciclo. Cada una tiene su propia duración e intensidad. Puede padecerse una crisis aguda, profunda, grave, como la reciente o más suave, en intensidad y en duración. Todo dependerá de las circunstancias que la rodean, de su origen y de su extensión internacional y cuando estamos ante una bonanza más o menos duradera, conviene aprovechar al máximo el crecimiento, para tratar de corregir defectos y disponer unas estructuras idóneas para afrontar el futuro. Ello requiere una actuación decidida de los políticos y de las instituciones nacionales e internacionales.

En la historia económica encontramos muchos ejemplos de crisis y desde épocas muy lejanas. En 1559, con los bulbos del tulipán, la burbuja de los mares del Sur, el pánico en Nueva York en 1837, la crisis de 1907, el crac de 1929, las crisis consecuencia de las elevaciones del precio del petróleo, la crisis sueca de los años noventa del pasado siglo, la denominada crisis de los dragones y la crisis de las empresas puntocom, hasta llegar a nuestros días, son algunas de las más relevantes.

En esta reflexión sobre lo que se puso de manifiesto en 1996, cabe preguntarse qué habría sucedido ahora si nuestros dirigentes hubieran sido capaces de presentar unos presupuestos oportunos, de realizar las reformas necesarias antes aludidas para poner al servicio de la sociedad una Administración eficiente y eficaz, con un tamaño óptimo y un mínimo coste, si hubieran llevado a buen término un cambio del sistema fiscal decidido, la reforma laboral que se precisaba, si se hubiera modificado el marco educativo, innovado el sistema de prestaciones sociales, con especial atención a la salud y las pensiones, si se hubiera actuado decididamente sobre los sectores ya aludidos y de gran importancia por su peso en la economía, la situación sería hoy bien diferente.

En 1996, la deuda en España suponía el 65,7% del PIB y hoy representa el 94,05%

En 1996, la deuda en España suponía el 65,7% del PIB y hoy representa el 94,05%. Entonces ya se manifestaba la inquietud por la herencia que se dejaba a futuras generaciones, hoy el tema se ha agravado considerablemente.

En un reciente artículo publicado en este diario y que llevaba por título Deuda, deuda y más deuda, hacía referencia a esta cuestión. Ahora, al releer este Libro blanco, mi inquietud aumenta porque la deuda pública sigue creciendo. El discurso nacional e internacional se dirige a presentar el crecimiento como solución a todos los males. Alentados por una desigual mejoría en la economía internacional, no se está en mi opinión actuando adecuadamente en cuanto a la política de endeudamiento, que debería ser un foco de preocupación y decidida intervención.

Y ya no es solo porque deberemos afrontar esta situación nosotros y las nuevas generaciones, sino por el posible impacto que puede tener un probable impago total o parcial en el futuro. Pienso que este posible escenario merece una reflexión monográfica porque en el futuro nos podemos encontrar con un problema de dimensiones impensables y con amplias ramificaciones.

Nos queda la duda o la certeza, según opiniones, de si se ha trabajado en la línea adecuada. Ha podido faltar decisión y una política económica mucho más agresiva en este campo. Por todo ello, sería deseable que quien tiene que tomar medidas al respecto, lo haga.

Cecilio Moral Bello es catedrático de Economía Financiera de Icade.

Fuente: http://com.cincodias.feedsportal.com/c/33500/f/624601/s/389ae393/sc/42/l/0Lcincodias0N0Ccincodias0C20A140C0A30C250Ceconomia0C13957728170I7135490Bhtml/story01.htm