La cumbre UE-EE UU relanza el acuerdo transatlántico

Barack Obama es probablemente el presidente estadounidense más popular en Europa desde John Fitzgerald Kennedy. Y en Bruselas, en concreto, su elección en 2008 fue acogida con un alivio poco disimulado tras los ocho años de tensión internacional bajo el presidente George W. Bush.

Pero parece que el flechazo no fue mutuo, porque Obama ha tardado más de cinco años en poner el pie en Bruselas, donde llegará el miércoles para una cumbre con la Unión Europea a la que dedicará 75 minutos. “El presidente de EE UU tiene una agenda muy apretada”, justifican en el equipo de política exterior de la Comisión Europea, encargado de preparar la primera cita al máximo nivel entre Bruselas y Washington desde noviembre de 2011.

Los reflejos proteccionistas amenazan las negociaciones

Además de la crisis de Ucrania, la reunión entre Obama y el presidente del Consejo de la UE, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, estará dominada por el capítulo económico. Y, en concreto, según fuentes europeas, por la necesidad de “dar un impulso político” a la negociación del acuerdo de liberalización comercial e inversión (TTIP, en sus siglas en inglés). Las negociaciones se pusieron el pasado mes de junio y ya se han celebrado cuatro rondas de contactos. Pero las dos partes empiezan a acusarse mutuamente de querer salvaguardar sus respectivos sectores más sensibles. El escándalo por las escuchas de la agencia estadounidense de seguridad (NSA) ha exacerbado, además, las reticencias de la Unión Europea, que sospecha de un espionaje comercial a favor de las multinacionales de EE UU.

La cita de mañana, según el departamento de Catherine Ashton, alta representante de Política Exterior, debería contribuir a despejar esas dudas y resquemores. “Se trata”, señalan esas fuentes, “de reafirmar el objetivo de la negociación, que no es el de un acuerdo comercial al uso, sino un proyecto muchísimo más ambicioso, de auténtica integración económica”.

“Más que un pacto comercial es un plan de integración económica”

El acuerdo, según los cálculos de la Comisión Europea, generaría un beneficio económico anual equivalente al 1% del PIB de la UE o unos 119.000 millones de euros. Y supondría, por tanto, un impulso al crecimiento y al em- pleo a ambos lados de un área transatlántica que aglutina el 45% del PIB mundial.

No se espera que Van Rompuy y Barroso entren con Obama en los detalles de se acuerdo. Pero Bruselas aprovechará la ocasión para reclamar al dirigente estadounidense “un marco jurídico sólido sobre protección de datos para ciudadanos y empresas”.

La UE exige, además, que Washington reconozca a los ciudadanos europeos la posibilidad de reclamar ante los tribunales estadounidenses por la posible utilización fraudulenta de sus datos.

Consumidores

Para Bruselas, la gestión de datos no es solo un tema de privacidad, “sino también de expansión comercial”, según fuentes de la CE. “Si compras en Amazon, por ejemplo, estás transfiriendo datos”, recuerdan esas fuentes.

La CE no oculta, además, su temor a que ese debate u otros similares entorpezca la negociación. “Debe quedar claro que el objetivo no es reducir ningún estándar social, de protección del consumidor o medioambiental”, aseguran. “La opinión pública no lo aceptaría ni en Europa ni en EE UU”, añaden.

Europa da por extinguido el G-8 mientras Putin acose a Ucrania

Occidente aprovechó la cumbre de ayer en La Haya sobre seguridad nuclear para visualizar el aislamiento internacional del presidente ruso, Vladimir Putin. A propuesta del presidente estadounidense, Barack Obama, las siete potencias industriales que componen el G-7 (EE UU, Japón, Canadá Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, más la UE) celebraron una reunión en la capital holandesa como señal de repudio al G-8, la formación que desde 1998 incluye a Rusia.

La canciler alemana, Angela Merkel, incluso dio por extinguido el G-8“mientras el clima político, como ocurre ahora, no sea el adecuado”.

Hasta ahora, los gobiernos occidentales habían cancelado su asistencia a la cumbre del G-8 que Putin tenía previsto organizar en junio en Sochi, en protesta por la anexión de Crimea. Ayer, decidieron sustituir esa cita por una reunión del G-7 en Bruselas. Pero Merkel amplió el boicot a todo tipo de contactos “e incluso al propio formato del G-8”.

El ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov, también presente en la conferencia de seguridad nuclear, intentó restar importancia al castigo. “El G-8 es un club informal y no es ninguna tragedia si no se reúne”, aseguró. Pero ayer mismo Lavrov claudicó ante una de las exigencias de la UE y EE UU y se reunió en La Haya con el ministro de Exteriores del gobierno ucraniano, con el que Moscú se negaba a negociar. Bruselas confía en que esa vía diplomática permita contener la escalada de un conflicto en la zona.

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