España y su proceso de ajuste exterior

La crisis soberana europea ha puesto de manifiesto la necesidad de evitar desequilibrios presupuestarios y comerciales para garantizar un crecimiento sólido y sostenido. Muchos han criticado la crudeza de los ajustes en los países de la zona euro, a costa del crecimiento y del empleo; sin embargo, independientemente de si estamos o no de acuerdo con la manera y rapidez con la que se alcance, está claro que el crecimiento equilibrado siempre es beneficioso a la larga.

Pero, ¿qué entendemos por equilibrio comercial? La balanza de pagos de un país es un registro que engloba la totalidad de las transacciones monetarias realizadas entre ese país y el resto del mundo. Está compuesta por la balanza por cuenta corriente y la de capitales, recogiendo la primera tanto cobros y pagos ligados al comercio de bienes y servicios, como las transferencias corrientes y las rentas obtenidas del trabajo y capital invertido en otros países, mientras la de capitales refleja las transferencias de capital y el traspaso de activos.

Globalmente se trata de un juego de suma cero, es decir, que un superávit en un país va acompañado de un déficit en otro. Estos últimos son países consumidores netos, por lo que tienden a incrementar su endeudamiento para financiar su consumo e inversión que crece por encima de su producción. Estados Unidos es un ejemplo, al registrar el mayor déficit por cuenta corriente; por el contrario, países como China se presentan como financiadores netos, cuyo ahorro se usa para invertir en países extranjeros. Sin embargo, aunque a corto plazo estos desequilibrios son frecuentes en una economía globalizada, en el medio/ largo plazo pueden poner en peligro la estabilidad de un país, incluso de toda una zona -por el efecto contagio-, especialmente si dicho país está expuesto a financiación a corto plazo. En general, economías con déficit por cuenta corriente tienen un mayor perfil de riesgo, al depender del ahorro exterior y, por tanto, de la evolución de los mercados financieros. La manera de acabar con estos desequilibrios es que los países deficitarios cambien progresivamente a un nuevo paradigma de reducción de gastos y desapalancamiento. Es un proceso lento y doloroso pero no imposible, y necesario para un crecimiento sostenible.

Por ello cada vez más organismos se preocupen por el tema. La Comisión Europea lanzó en 2010 dentro de su Estrategia Europa 2020, un mecanismo de vigilancia encargado de cubrir todo tipo de desequilibrios macroeconómicos, entre otros, el de la balanza comercial, como complemento de los criterios de Maastricht. El nuevo marco tiene una labor preventiva y también correctora en caso de considerarse que puedan comprometer al equilibrio de la UEM. Los países europeos están realizando importantes esfuerzos para sanear sus balances, entre ellos, España que, aunque a raíz de su incorporación al euro perdió su facultad de devaluar la divisa, ha obtenido unos resultados muy positivos. A pesar de las dificultades, España ha sabido mejorar su posición y convertirse en una potencia exportadora, donde el riesgo sistémico se está reduciendo gradualmente y el crédito se está estabilizando de forma paulatina. Algunos economistas nos han comparado con Alemania tras su unificación, ya que en tan sólo seis años hemos ajustado nuestro déficit en 11 puntos básicos. Además de la competitividad de los salarios y el incremento de la productividad, existe un factor cultural que ha contribuido en gran medida a dicho logro, y es la propensión que tienen nuestras empresas a salir al exterior ante la dureza de la crisis de demanda interna.

El resultado; hemos crecido en volumen de exportaciones y durante 2013 hemos aumentado en cuota de mercado y, en general, estamos teniendo un comportamiento mejor que el de nuestros homólogos europeos, con las ventajas que ello supone. Aunque todavía permanecen peligros –alto endeudamiento, nivel de desempleo elevadísimo y lentitud en realizar algunas reformas–, y es grande el reto al que nos enfrentamos, el camino emprendido es necesario, dado que aunque quisiéramos adoptar otro vía más gradual, la propia restricción financiera nos lo impide, y producirá a largo plazo resultados positivos y sostenibles.

Rodney Sullivan es director de publicaciones de CFA Institute.

Ainhoa Díez-Caballero es vicepresidenta de CFA Society Spain.

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