El empleo comienza a arrancar

Cada mes que pasa desde la última primavera quedan menos resistentes a admitir que algo ha cambiado en la economía y que tiene un reflejo explícito en el mercado laboral. Algo ha debido cambiar cuando con un crecimiento que en tasa interanual escasamente supera el cero, el empleo reacciona con alzas del 0,7%, según los datos de la Seguridad Social, y algo habrá tenido que ver en ello el cambio normativo en el mercado laboral, así como la modificación de actitudes de la demanda de trabajo por la presión prolongada de la crisis.

 

Lo cierto es que parece que el empleo ha entrado en la primavera tras el largo invierno en el que se sumergió en 2008; y es evidente que ha traspasado el equinoccio del mes pasado incluso con un desempeño positivo en los siete últimos meses, los otoñales e invernales, que son los más negativos para la contratación en un mercado con un alto componente coyuntural y turístico. Desde septiembre pasado, en términos desestacionalizados, la economía ha creado hasta el último día de marzo 191.650 empleos, nada menos que 912 cada día, y en los últimos doce meses, aunque el registro de parados tiene un valor menos sólido, el número de desempleados ha descendido en 240.000 personas. Aunque en esta materia hay que administrar la euforia con sentido, ya que se trata de la variable económica que afecta de forma más evidente a las personas, bien podría asegurarse que la crisis del empleo ha concluido, aunque volver a los niveles de la bonanza precrisis llevará años cuantitativamente, y quizás décadas si nos atenemos a la calidad de la ocupación.

El Gobierno va a incorporar una previsión de creación neta de empleo este año en su actualización del programa de estabilidad y crecimiento, aunque la sensatez recomienda echar el freno de mano y dejar hacer al mercado y esperar, y evitar la euforia nunca bien justificada que promueven los procesos electorales.

El empleo ha arrancado. Pero lo ha hecho con un nuevo paradigma en su generación: a igual crecimiento económico, más ocupación, pero de menos calidad. Hace unos días alertábamos de que 4,1 millones de asalariados van cada día a trabajar por una remuneración inferior a alguna de las prestaciones por desempleo, lo que da una idea gráfica del modelo laboral que se está asentando, y al que seguramente no hay muchas alternativas. Solo ensanchando las actividades intensivas en productividad, industriales sobre todo, puede hacerse girar el mercado hacia valores mejor remunerados. Y hay que comenzar a considerar normal un crecimiento intenso en los primeros años de la recuperación del empleo a tiempo parcial en actividades de servicios, que no es lo mejor del mundo, pero es mejor que nada.

 

 

 

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