El cerebro del macrorregulador

Le llaman “el hombre que susurra al oído del Presidente”, y seguramente no les falta razón a quienes lo piensan. Álvaro Nadal, y su hermano gemelo, Alberto, constituyen ahora mismo uno de los ejes de poder más tenebrosos de historia política reciente.

Alberto, secretario de Estado de Energía, tiene por desembrollar un lío de proporciones planetarias al frente del sector más controvertido y aborrecido de la industria española, con el que hábilmente ha logrado quedar como único interlocutor tras haber dinamitado el ministro Soria todos los puentes de diálogo. Es, por tanto, una pieza imprescindible en el ministerio, y por ende, también en el Gobierno.

Pero es del gemelo de quien quería ocuparme hoy. Álvaro, el diestro –Alberto es zurdo-, el sin barba, es el jefe de la Oficina Económica del Gobierno, el tercer cerebro de facto en la política económica de Rajoy, tras Guindos y Montoro, y, en muchas ocasiones, el primero en ser escuchado por el presidente.

Nadal, hábil negociador, se mueve con igual destreza en Moncloa que en Génova y cuenta con las simpatías paralelas de Rajoy y de Soraya. Digamos que la vida le sonríe.

Ebrio, como está, de poder y complacencia, Álvaro se entretiene, desde su constitución hace algo más de un año, en “supervisar” -por ser indulgente con el término- las decisiones del súper regulador que aúna los mercados de la energía, las telecomunicaciones, el sector postal, el audiovisual y la competencia, la CNMC. Él mismo ha reconocido en privado que el Consejo de la CNMC se constituyó poco menos a que su dictado.

Al frente del mismo, su presidente, José María Marín Quemada, un histórico del Banco de España, más académico que ejecutivo, que, si no deja hacer, al menos no pone pegas a los tejemanejes de Nadal. Y la vicepresidenta de la CNMC, María Fernández, economista y funcionaria, amiga y colaboradora de Nadal desde hace tiempo, y auténtico brazo ejecutivo del regulador, cierra el círculo.

Así las cosas, nos encontramos con un organismo regulador poco independiente del poder se mire por donde se mire, con capacidad para tomar decisiones que marquen de forma clara el futuro de España en sectores claves como la energía y las comunicaciones. Decisiones que están siendo más políticas que técnicas, con segundas lecturas y dudosas intenciones. Decisiones que, si nadie lo remedia, pagaremos caro.

Por citar sólo el último ejemplo, hace pocos días la CNCM puso en un brete al sector de las telecos con su propuesta de regulación para las nuevas redes de Internet. Los operadores con fibra ya extendida, Telefónica sobre todo, pero también Orange, releen estupefactos las 200 páginas de la consulta, que viene a decir que sus inversiones no valen nada. Y Vodafone, peor me lo pone, se pregunta por qué ha comprado Ono por más de 7.000 millones si ahora la fibra es para todos a riesgo cero. Por no hablar de los operadores de cable, R en Galicia, Telecable en Asturias y Euskaltel en el País Vasco, ya en manos de fondos extranjeros y ahora absolutamente humillados por la CNMC, que ni les considera competencia ni valora sus inversiones en infraestructuras. Un mazazo que da al traste con su clarísima intención de venderse al mejor postor, que casualmente era Vodafone y que ahora es difícil que eche mano a su cartera hasta dentro de una década.

Una decisión tomada con criterios poco racionales, poco prácticos y muy obsoletos, según todos los expertos, analistas y conocedores del asunto. Es de esperar que durante los meses de alegaciones, alguien haga a Nadal entrar en razón, porque su palabra es ley en la Comisión.

Paul Samuelson Jr.

Fuente: http://www.elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/cerebro-macrorregulador_0_2409359062.html