A Merkel se le desarma el puzle europeo

La victoria de Syriza en las elecciones del domingo en Grecia ha rematado la semana más negra de Angela Merkel desde que la canciller asumió el liderazgo de la zona euro en la gestión contra la crisis de la deuda. Una semana que ha revelado que la canciller alemana tiene cada vez más dificultades para imponer su criterio en una Unión que acusa la fatiga de seis años de interminable crisis.

El jueves, la canciller asistió impotente al desafío del Banco Central Europeo que, a pesar de la resistencia de Alemania, puso en marcha un plan de compra de deuda de más de un billón de euros para potenciar la inflación.

Solo tres días después, en torno al 38% de los griegos han dado la mayoría a un partido de izquierdas, Syriza, que ha prometido durante la campaña electoral poner fin a las políticas de austeridad dictadas por Berlín.

La presencia de líder de Syriza, Alexis Tzipras, en el Consejo Europeo a partir de la próxima cumbre resaltará el creciente aislamiento de Merkel en un foro donde la canciller alemana cada vez cuenta con menos caras amigas.

La Francia de Hollande y la Italia de Renzi conviven con Merkel, pero no secundan sus tesis económicas. Los países de Europa central y del Báltico desconfían de la actitud de Merkel hacia Moscú, siempre favorable a buscar una salida negociada con el Kremlin a pesar de la imparable violencia en Ucrania. Y el primer ministro británico, David Cameron, choca cada vez con más frecuencia con Berlín, sobre todo, desde que Merkel abandonó de manera imprevista la ofensiva de Londres para evitar el nombramiento de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea.

A la canciller ya solo le queda Mariano Rajoy como aliado claro entre los países grandes de la UE, lo que anticipa que España recibirá durante 2015 un trato de favor tanto en Berlín como en Bruselas para intentar demostrar que las recetas económicas han funcionado de manera satisfactoria y que Francia e Italia deben seguir el mismo camino.

Los elogios a España, con Merkel a la cabeza, se sucedieron de manera continua durante el Foro Mundial de la semana pasada en Davos. Y la campaña alemana en apoyo continuará hoy mismo, con la visita a Madrid de Manfred Weber, líder de los populares en el Parlamento europeo y destacado miembro de la CSU_(el partido hermano del de Merkel).

Pero ni siquiera Rajoy es un aliado incondicional de Berlín. En el conflicto de Alemania con el BCE, el presidente del Gobierno español se alineó claramente con las tesis franco-italianas, partidarias de una drástica intervención como la anunciada el jueves pasado por el presidente del banco, Mario Draghi.

Rajoy también deberá sopesar si el apoyo de Merkel durante un año electoral es un activo o un pasivo, a la vista del durísimo voto de castigo en Grecia contra las recetas de la troika.

Aunque España no pidió el rescate ni ha estado sometida por completo al control de la CE, el BCE y el FMI, la presencia de esos tres organismos se ha hecho sentir a través del memorándum de condiciones para el rescate de la banca española._

Esa tutela internacional no ha provocado en España un resentimiento contra Bruselas y Berlín tan acentuado como en Grecia, pero una parte del electorado español también achaca a Merkel la responsabilidad última de los recortes, por lo que su cercanía podría ser contraproducente electoralmente para Rajoy.

A pesar de ese riesgo, nadie prevé en Bruselas un distanciamiento entre Madrid y Berlín, ni que Rajoy vaya a alinearse con un frente antiausteridad junto a París, Roma y Atenas. A diferencia de Hollande y Renzi, Rajoy afronta elecciones este año y su principal preocupación no es desafiar a Berlín, sino evitar que una fuerza como Podemos repita en España el éxito de Syriza.

La llegada al poder de Syriza ha demostrado que se puede desbancar a las fuerzas políticas (democracia cristiana y socialdemocracia) que con diversas variantes se han alternado en el poder en la mayor parte de Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Las terceras vías se abren paso en casi todos los países, con independencia de que hayan sufrido o no la crisis, de que pertenezcan o no a la zona euro y de que su tradición sea euroescéptica o euroentusiasta. El fenómeno se propaga por doquier, aunque en cada país se manifieste de acuerdo con su particular idiosincrasia.

En el caso de Grecia, Berlín se muestra dispuesto a negociar con Syriza, un partido temido hasta hace poco, pero aceptado ahora como una fuerza alternativa aunque proeuropea.

Mucho más alarmante para Bruselas resulta la creciente presencia de formaciones claramente partidarias de romper con la UE, como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia o UK Independence, de Nigel Farage, en Reino Unido.

Ambos partidos ganaron las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 25 de mayo en sus respectivos países. Y aspiran a entrar en Downing Street en las elecciones británicas de mayo de este año y en el Elíseo parisino en las presidenciales de 2017. Si lo logran, la UE podría quedar bloqueada o devenir completamente ingobernable e inoperante.

Ese escenario causa pavor en Bruselas. Y, de cumplirse, muchas miradas se volverían hacia Merkel, la canciller que ha manejado a su antojo el puzle europeo desde 2010 y que ahora empieza a encontrarse con varias piezas descolocadas, incluso dentro de su propio país, donde también arrecian corrientes euroescépticas (AfD) y xenófobas (Pegida).

Fuente: http://com.cincodias.feedsportal.com/c/33500/f/624601/s/42b2613e/sc/11/l/0Lcincodias0N0Ccincodias0C20A150C0A10C250Ceconomia0C1422220A2170I9640A460Bhtml/story01.htm