A los escépticos de la reducción del gasto

Como consejero de Hacienda de una comunidad autónoma, en este caso Castilla-La Mancha, he percibido en ocasiones cierto escepticismo sobre la realidad del ajuste de gasto y sobre la voluntad real de reconducir de forma persistente las cuentas públicas en lo que respecta al gasto, o sobre el tiempo que iba a durar esa voluntad.

Dichos comentarios se ven alimentados en el ámbito político regional por una oposición trasnochada, cuyas primeras manifestaciones ante la publicación de las cifras de déficit han sido: sobre 2012, “en las próximas semanas aparecerán informaciones que desvelarán que los datos de déficit no se corresponden con la realidad”, y sobre 2013, nos acusan de “engañar clamorosamente” con los datos del déficit con un “cuento chino” sobre los ingresos de las nucleares, en boca de su líder, el socialista García Page.

También puede confundir una lectura superficial del dato de déficit de Castilla-La Mancha de 2013 publicado por el Ministerio de Hacienda: el 2,1%.

Igualmente, los datos de evolución de la deuda financiera no pueden ser leídos superficialmente, porque se llega a la conclusión de que el esfuerzo de reducir gasto y cumplir objetivos de déficit no sirve para nada porque la deuda sigue creciendo. García Page está abonado a esta teoría.

La entrada del Gobierno de María Dolores Cospedal en junio de 2011 supuso un punto de inflexión absoluto en las finanzas regionales de Castilla-La Mancha. Los primeros seis meses se emplearon en contabilizar todo el gasto del año y el pendiente (1.161 millones de años anteriores), diagnosticar la situación (déficit acumulado en cuatro presupuestos del 22% del PIB, 8.000 millones de euros, la mitad sin financiar) y poner en marcha inmediatamente un plan de reequilibrio.

El Gobierno tenía claro que había que ser extremadamente cuidadoso en el cumplimiento de las obligaciones formales y enviar a los libros de historia las ¨facturas de los cajones¨. Las medidas adoptadas han sido muchas, pero ilustraré los resultados con un dato revelador. Cuando se puso en práctica el primer mecanismo de pago a proveedores en 2012, que exigía que para poder incluir facturas estas hubieran computado como déficit al menos en contabilidad nacional, en Castilla-La Mancha no afloró ni una sola factura.

En el asunto de la deuda, la clave de la confusión (utilizada sin escrúpulos por la oposición) está en el déficit no financiado de ejercicios anteriores. En presencia de morosidad elevada, el dato clave es la deuda total (comercial más financiera). La financiera era a diciembre de 2011 de unos 7.000 millones de euros, pero había otros 4.000 millones en acreedores. Si reducir la deuda comercial y la morosidad es bueno, llegar hasta 11.000 millones de euros no genera nueva deuda y es una buena noticia. Hay que asustarse del déficit, señores de la oposición, no de la deuda para financiarlo, y la época de los déficits galopantes es historia. Según el Banco de España, la deuda de Castilla-La Mancha a cierre de 2013 era de 11.344 millones.

El contenido déficit actual en la región hace que el punto de inflexión en que la deuda sobre PIB comienza a reducirse por ser superado por el crecimiento nominal de la economía pueda producirse a finales de este año, lo que será un hito importante.

El déficit del nuevo Gobierno ha sido de un 1,5% en 2012 y de un 2,1% en 2013. Una primera impresión es que crece en 2013, lo que podría hacer pensar a algunos en descontrol, vuelta a las andadas, retorno a la afición por el gasto. Nada más lejos de la realidad. Los escépticos de la reducción de gasto autonómico van a tener que buscar otra ocasión.

El gasto ha continuado su proceso de reducción en línea con la senda de consolidación fiscal. Son dos acontecimientos one-off en su más pura esencia los que marcan íntegramente el salto del 1,3% autorizado al 2,1%. La anulación por el Tribunal Constitucional del impuesto nuclear de Castilla-La Mancha, lo que ha dado lugar a la devolución de 212 millones de euros de tributos contabilizados y cobrados durante 12 años. Y la presentación de declaraciones complementarias de IVA en una empresa pública por 65 millones de euros, correspondientes a periodos del Gobierno anterior. Así lo atestiguó el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, cuando el ministerio anunció los datos de déficit.

El Gobierno de Cospedal está gestionando una situación muy complicada, las cuentas de Castilla-La Mancha son cuentas muy difíciles, no es fácil hacer todo lo que hacemos con el dinero que hay. Pero hemos conseguido devolver a la sostenibilidad una Administración que estaba al borde del precipicio. Hemos podido con todas las dificultades, como una carga de intereses que supone en 2014 un 1,5% del PIB, estamos en superávit primario. No hemos tenido ni un apoyo por la vía de ingresos extraordinarios. En una comunidad con alto nivel de deuda es vital controlar el déficit, y lo controlamos de forma absolutamente férrea, pero absorber de un día para otro casi 300 millones de euros de los dos one-off con recorte paralelo de gasto es imposible.

Nada ha cambiado en cuanto a la importancia de acomodar los gastos a los ingresos. En nuestra forma de gestionar no caben los melancólicos del gasto que toman como referencia una época que no volverá.

Eso sí, hay que tener en cuenta que el déficit es la diferencia entre ingresos y gastos ponderado por el PIB. Son tres variables las que deciden. Hasta ahora se ha actuado sobre el gasto decididamente y las otras dos jugaban a la contra. Creemos que el esfuerzo enorme hecho por la vía del gasto en Castilla-La Mancha ha permitido que las otras dos variables jueguen a favor y tomen a partir de ahora protagonismo en la reducción del déficit. Y los datos de Castilla-La Mancha indican que la recuperación se ha iniciado de forma sólida, más que en el resto de España.

Arturo Romaní es consejero de Hacienda de Castilla-La Mancha.

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